Sara Gómez In Memoriam

El pasado 2 de junio la destacada cineasta afrocubana Sara Gómez Yera
(La Habana 1942-1974) cumplió 26 años de no estar con nosotros. Por este motivo la recordamos y publicamos este trabajo de la psicóloga Sandra Álvarez que ha dedicado importantes trabajos sobre la obra de esta artista.

SARA GÓMEZ, PROTAGONISTA DE SU PROPIA HISTORIA. SARA GÓMEZ Y EL TEMA RACIAL

“[…] mientras la evocación de Sara sea únicamente desde la nostalgia,
el recuerdo o la censura, ella seguirá detenida en cada uno de nosotros,
que jamás sabremos comprenderla.”
Iddia Veitía (1)

El triunfo revolucionario sobrevino cuando Sara Gómez estudiaba el tercer año de bachillerato y por esta causa sale de esta institución educacional para participar directamente en los nuevos acontecimientos sociales.
Entre 1959 y agosto de 1961 Sara participó en muchas de las tareas que fueron convocadas por los jóvenes. Al mismo tiempo participó en espacios de formación, como el Seminario de Etnología y Folklore que sesionaba en el Teatro Nacional; de lo cual Sara dejaría huella en todas sus obras cinematográficas. Tales estudios le ofrecieron a Sara la explicación histórica de sus interrogantes, las cuales eran anteriores a dichos espacios y que supo responder más allá de ellos también. Dicho seminario, dirigido por el reconocido musicólogo Argeliers León, constó con un claustro de lujo: Maria Teresa Linares, Manuel Moreno Fraginals, John Dumoulin, Isaac Barreal, entre otros. Allí se formarían, además, una buena parte de los intelectuales prestigiosos que reconocemos hoy: Rogelio Martínez Furé, Miguel Barnet, Alberto Pedro Díaz, Inés María Martiatu, etcétera.
Todos coinciden en afirmar que Sara Gómez no quería ser “una negrita de la clase media que tocaba el piano”, quizás por ello su salida de aquella sociedad de clase media y del círculo de relaciones estrechas que sus tías habían construido para ella. Esto nos hace pensar que efectivamente a Sara le interesaban los conflictos que más tardíamente enfrentaría en su vida y obra.
Referido al tema racial, Sara Gómez, llegó a ser una militante activa. Es reconocida como la primera mujer pública que se dejó el cabello sin desrizar, hecho que situamos aproximadamente en el año 1971 y que puede ser constatado en las fotos de la familia y sus documentales en los que casi siempre aparece; es en De bateyes (1971) en el primero que es posible verla con un pequeño afro. Sobre este suceso, su amigo y compañero en la lucha contra la discriminación racial, Tomás González apuntaría:
De su pelo […] una mata fuerte, de frondosidad cerrada, bosque negro, tupido y con güije y cocuyos. Por aquel entonces lo llevaba desrizado. Más tarde aquella cabellera sería la primera cabellera natural de los negros de mi país. ¡Una revolución dentro de la Revolución! (2)
Por otra parte, su cabello sin desrizar sería motivo de felicitación por parte de Stokely Carmichael, quien al conocer la noticia le envió un telegrama que fue leído en una reunión realizada en la calle Carlos III, en la casa de Eloy Machado.
El énfasis realizado por mí en este aspecto se deriva de la carga simbólica que tiene tal evento en la vida de una de las mujeres intelectuales más reconocidas de su época. Como expresamos anteriormente, el alisamiento o estiramiento del cabello es un procedimiento que las feministas negras consideran de profunda valoración ideológica, por encima del aspecto estético que pudiese contener. El cabello alisado resume los padecimientos de las personas negras, que luego de ser convertidas en esclavas es objeto de las formas más contemporáneas y casi imperceptibles de discriminación. Es por ello que cuando se lleva el cabello al natural se está contribuyendo a visualizar una buena cantidad de seres humanos que no han sido tenidos en cuenta, favoreciendo con ello la propia autopercepción.
La conciencia racial de Sara también estuvo influida por la bibliografía leída por ella, puesto que hay que reconocer que era una estudiosa sin límite. Malcom X, Marcusse, Franz Fanon y Aimé Cesaire fueron algunos de los autores consultados.
Cuando nos encontramos frente al cine realizado por Sara Gómez se advierte la estridencia del tema racial. El mismo es abordado en toda su magnitud, con sus luces y sus sombras a lo largo de toda su obra cinematográfica. Su interés por poblaciones afrodescendiente la mostraría en varios de sus documentales, en especial en De bateyes (1971), Una isla para Miguel (1968). Asimismo, su interés por procesos o productos culturales populares como pueden ser la rumba en … y tenemos sabor (1967) o los elementos místicos recogidos en De bateyes (1971) son evidencias pertinentes de que Gómez profundizaba en la relación entre los elementos raciales y las practicas culturales existentes en la sociedad cubana.
Por otra parte, su interés por la cuestión racial también se evidencia en la selección de los sujetos y sujetas de su cine: Gladis, Rafael, Maria, Berta, Madrina y hasta la propia Sara. Todas las obras muestran personas negras, y muchas de ellas de manera protagónica, de hecho su película de ficción (De cierta manera, 1974) tiene como tema central una relación amorosa interracial e interclasista, cuyo tratamiento es anticipado, de algún modo, en los conflictos entre Lázaro y Gladis que nos presenta En la otra isla (1968). Asimismo, la situación particular de la mujer negra y pobre es retomada en más de una ocasión: las vivencias de aquella madre negra en De cierta manera (1974) nos dan cuenta de ello.
El reconocimiento de Sara Gómez como intelectual identificada con las problemáticas de las personas negras, aún después del triunfo revolucionario, estuvo relacionado con que fuera acusada de pertenecer a una organización de orgullo negro o black power. (2) Dicho incidente, contado por muchos pero testimoniado por pocos, puede ser interpretado como prueba de que ella era señalada como la cabeza de los debates en torno la problemática racial dentro del círculo de intelectuales negros más prominentes de esa época.

Sara frente a sus personajes
En la otra isla (1968), documental dedicado a Michèle Firk, es el testimonio de nueve jóvenes, cinco mujeres (María, Mapy, Ada, Cacha y Manuela) y cuatro hombres (Rafael, Fajardo, Lázaro y Jaime) que revelan los conflictos que al interno sucedían en la otrora Isla de Pinos, luego de la Juventud, ambiente creado artificialmente para redimir los comportamientos supuestamente punibles de un sector de la población cubana. En este entorno se posibilitaría un cambio de valores, dando lugar a una generación emergente, como bien dice la canción tema: “donde nace la bandera de una nueva juventud”; todas las personas testimoniantes transitan por un proceso de reformación.
La historia más dramática, de las contadas en La otra isla, es la de Rafael, joven negro tenor que como forma de autoflagelación se va a la Isla, a expiar su culpa por ser objeto de discriminación racial por parte de los colegas de la compañía musical donde trabaja. Sara Gómez, muy aguda en sus intervenciones, guía las explicaciones autocensuradoras del joven en aquella entrevista casi psicológica. Él confía en la Revolución para que se superen los prejuicios racistas; y ella insiste en el papel de las personas individuales en la eliminación de los mismos. La Isla ha sido una especie de curación para él, según sus palabras. A nuestro modo de ver, Sara acá llama la atención sobre aquellas conductas que en ocasiones tienen las personas afrodescendientes de autoexcluirse a sí mismas, consecuencia, entre otras cosas, de la baja autoestima, la poca o inexistente autoconciencia racial y, en última instancia, de la posición de víctima que algunas personas han adoptado.
Por otra parte, Rafael considera que “aquí hay otra mentalidad, aquí no es como allá, (la isla grande) los jóvenes que llegan, pues, aquí son sanos, aquí hay otro tipo de conciencia”, lo cual es muy interesante porque se supone que a la Isla de de Pinos llegan personas que de alguna manera se encuentran en los márgenes de la sociedad de la Isla de Cuba. Nos preguntamos entonces: ¿esta juventud en re-educación representa el discurso subalterno, el de los excluidos?, ¿se estaba suscitando en la otrora Isla de Pinos una especie de sociedad paralela cuyos actores y actrices principales están en la periferia de la otra sociedad (en la isla grande) y aquí, en esta nueva forma de relacionarse, son centro?
Al final de su intervención Rafael le pregunta a Sara con extrema sinceridad y cierta pesadumbre: “¿algún día yo llegaré a representar La Traviatta?”. Escalofriante interrogante que nos da cuenta de que las necesidades humanas van mucho más allá de la historia y de las aberraciones y discriminaciones inventadas por los seres humanos. La respuesta es el silencio, el que puede ser entendido a partir de la complejidad que tienen los fenómenos humanos.
Por su parte, Una Isla para Miguel (1968), co-escrita junto a Tomás González, narra como el protagonista, un adolescente negro, ha de encontrar un sentido para su vida en aquella granja destinada a jóvenes “rebeldes sin causa” y cuyo plan de re-educación estaba encaminado a que encontrasen una causa para su rebeldía. Estudio, trabajo y defensa son las tres aristas de tal plan reeducativo.
Miguel, miembro de una familia negra numerosa, está en La Isla por elección de su madre, para “meterlo en camino”, como ella dice. “Él es muy fuerte de carácter” y allá encontró el régimen disciplinario que lo haría entrar en orden, este sería el mensaje que nos evoca la alternancia entre lo dicho por su hermana con los jóvenes que marchan de un lado a otro del campamento.
El “ser hombre, ser macho y ser amigo” que se escucha en voz de la locutora nos remite al interés de Sara Gómez por las maneras de conducirse de los hombres en el barrio, en el ambiente, lo cual toma su máxima expresión en De cierta manera (1974), aquí es posible hallar una continuidad temática entre estas dos obras, a pesar de los 6 años trascurridos entre una y la otra.
Guanabacoa: crónica de mi familia (1966) documental de marcado carácter antropológico, la ascendencia de Sara es el pretexto para observar una parte de la sociedad cubana, precisamente a las personas negras a partir de la familia que le dio origen. Es como si Sara Gómez hubiese necesitado regresar a Guanabacoa en búsqueda de su identidad, “aceptando una historia total, una Guanabacoa total” —dice ella—, de una familia que perteneció a sociedades de color y cuyos miembros no asistían a los bailes públicos, sino que se reunían en El Progreso o en el Porvenir, clubes para negros y negras de clase media o superior.
Una historia contada a partir de fotos familiares, la música y los relatos de “madrina” quien se deleita contando como ellos participaban de una Guanabacoa diferente. Siguiendo a Annette Kuhn, nos atreveríamos a situar a Guanabacoa… dentro de la categoría de “documental feminista”: mujer (o mujeres) que cuenta su historia personal, en primera persona, de frente a la cámara, donde no existe una voz en off tradicional y cuyo ordenamiento cronológico depende de la propia narración. Muy a pesar de su fecha de realización, que es anterior al desarrollo de este tipo de cine, Guanabocoa… da cuenta de la nueva manera de filmar que se iba gestando.
“¿Habrá que combatir la necesidad de ser un negro distinto, superado…?” tal como lo hace Berta la prima preferida de Sara, quien no tiene “complejos”, no intenta mostrar lo que no es, ni aspira a mucho más, ella se conforma en ser la misma negra del espejo. Al tomar partido Sara apostaría ineludiblemente por la simple realización de las personas negras, por su autoaceptación y sobre todo por su sinceridad para con ellas mismas de manera de que el ideal (escrito históricamente desde la blancura) nos los forzase a inventarse un personaje alienado de su propia condición histórica-cultural.
En Guanabacoa… la música se asume como quien cuenta la historia. Quizás la notable familia de músicos a la cual Sara pertenece hace que así sea. Pero lo que une a este documental con Iré a Santiago y con De bateyes, es precisamente el abordaje que se hace de las personas individuales, sus familias, los grupos a los que ellos pertenecen y a la comunidad en general a partir de la locación geográfica. Así visitamos casas, centrales en ruinas, el cementerio de la ciudad, entre otros emplazamientos.
De bateyes (1972) es una obra dedicada a, como su nombre lo indica, las comunidades que se asientan alrededor de un central azucarero -antes ingenio-, y que dependen tanto económica como vivencialmente de lo que sucede en el central. Es una revisión de la cultura cubana a partir de este entorno socio-industrial. Constituye además un regalo a Manuel Moreno Fraginals, autor del célebre libro El ingenio, quien había sido profesor de Sara Gómez en el Seminario de Etnología y Folklore.
Al igual que los anteriores documentales, De bateyes destaca por los aportes que realiza a la etnoantropología, en tanto hace énfasis en la vida de las personas que se congregan alrededor de esta fábrica y cómo crean una cultura que cambia a partir de la relación que establecen con el central, que puede ser desde las más sometidas (clase obrera) como la de las personas que eran sus dueños.
Varias entrevistas aparecen en esta obra, a destacar la realizada a María Elena Molinet, cuyo padre, general de la guerra de independencia, participó en el desarrollo azucarero de la zona nororiental, fundamentalmente a partir de la creación de los centrales Chaparra y Delicias. Esta entrevista da cuenta de la vida de la aristocracia azucarera y sobre todo de las relaciones de poder que se establecían entre ella y la clase obrera.
Pablo Armando Fernández, cómplice de Sara en este documental(4), evocaría la cultura emergente y la relación entre los diferentes modos de producción, y entre las comunidades, evidenciando como en el Occidente se llegó a crear un forma de vida propia, ciertamente diferenciada de lo que sucedería en el Oriente; donde la expansión capitalista sucedida en el siglo XX llevaría en su seno una diversidad étnica-cultural surgida por la concentración en esa zona de personas provenientes de varias islas del Caribe.
Con Conguito llegamos a conocer quienes eran las personas que se asientan en los bateyes, sus prácticas, conductas, sus formas de pensar. Esta última sería la entrevista que diera voz a los negros africanos o caribeños que poblaron estos lugares en determinada época de la historia nacional y de la historia particular de los centrales azucareros, y que constituían la mano de obra en esas industrias. Elementos míticos-religiosos, como la Ceiba traga-cadenas, son abordados con singularidad en De bateyes, entre algunas de las creencias mitológicas que tenían los pobladores.

Finalmente, su interés por la racialidad como tema de narración y en especial de la situación de la mujer negra, es mostrado sobre todo en De cierta manera (1974), Guanabacoa: Crónica de mi familia (1966). Asimismo la posición de Sara Gómez entorno al no alisamiento del cabello, permite enfatizar la importancia que para ella tenía el tema racial. De la misma manera, … y tenemos sabor (1967) expone el interés de Sara Gómez por el vínculo entre la racialidad y algunos componentes de la cultura popular como puede ser los aspectos músico-danzarios y el papel de las mujeres en ellos.

Notas
(1) Iddia Veitía: «Desde la esperanza» en Cine Cubano. No. 127, 1989, p. 36.
(2) Tomás González: «Memorias de una cierta Sara», en Cine Cubano, No. 27, 1989, p. 12.
(3) Véase Alberto Abreu Arcia: Los juegos de la escritura o la (re) escritura de la Historia, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2007, p.132-133; en el cual el autor aborda dicha acusación en relación con otros sucesos culturales como el Primer Congreso de Educación y Cultura y la aparición, en 1967, del numero 8 de la revista Pensamiento crítico, que incluyó una entrevista a George Ware.
(4) Pablo Armando Fernández le dedicaría entonces a Sara Gómez un escrito titulado «De Bateyes» como el documental; cuyos fragmentos aparecen en la Gaceta de Cuba No. 2, marzo-abril de 1997, pp. 3-7.

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